Un sibarita se hace no nace…. es verdad, pues yo vengo de una clase media con 5 hermanos, donde la economía primaba por encima de la calidad o variedad al momento de preparar los alimentos, eso si, mi padre era un gran maestro cuando se metía en la cocina, pero lamentablemente por su trabajo no lo hacía muy seguido y fui víctima de muchos experimentos culinarios de las sucesivas nanas que iban rotando por mi casa.
Mi padre me hizo conocer los aliños, las comidas típicas chilenas (que a mi gusto son las mejores) y me presentó múltiples oportunidades para probar todo “por primera vez” y así fui afinando mi gusto.
Existen muchas primeras veces en la vida… pero pocas son las que nunca se olvidan…jajajaj, no hace falta nombrarlas todas….hoy les contaré acerca de mi gran primera vez, la del fin de semana que pasó.
Mi primera langosta… Sí fue a raíz de este suceso que me decidí escribir este blog.
La primera langosta es como el sexo, te han dicho que es rico, muy bueno, te han dicho también cosas que también te asustan un poco y por lo mismo uno lo pospone, también te pasas rollos y piensas que debe ser en un momento especial, en un lugar especial, con la persona especial, jajá jajá, al final termina siendo de la manera en que menos pensabas, pero lo que no se puede negar es que es mucho mejor de lo que pensabas o de lo que te habían contado.
La dulzura de su escasa carne acompañada de una salsa de mayonesa con merkén y pimienta mmmmmm, se me hace agua la boca al recordar.
La langosta es un cliché y un icono de los sibaritas, hasta un poco kitsch diría yo, utilizada en las frases un poco resentidas dicen “ tan mañosa para comer, acá no tenemos langosta así que coma no mas, existen niños muy pobres que darían lo que fuera por tener tu plato de comida” … jajá que divertido como no se dan cuenta que no me puedo comer un plato de tallarines pegoteado con salsa de jurel….. en fin volvamos a lo nuestro.
El fin de semana recién pasado, me fui a Viña con mi familia, arrendé un departamento en la avenida Perú, con la pretensión de estacionar el auto y no moverlo más,
Asar un cordero al palo en una vitrina en la concurrida Av. Perú es una forma muy inteligente de hacer publicidad, el hecho que ese restaurante ubicado en la orilla de la playa es llamativo, que además sea completamente de vidrio y muy bello me encanta, pero además asar un cordero al palo casi en medio de la calle es casi obsceno jajaja…por lo mismo, imposible no extasiarse. Confieso que sucumbí a su estrategia de marketing, hice una reservación para las 8, sin imaginar que iba a experimentar ni mucho menos que tendría mi primera vez (típico de las primeras veces).
Existe una situación que puede arruinarte la noche o bien puede hacértela muy placentera“. El garzón”. Un garzón lento , torpe o que habla mucho puede arruinar la noche, en mi caso, me toco un uruguayo llamado Marcelo, muy agradable que nos ofreció aperitivo y me la vendió, si a ella… la langosta.
Mientras esperaba el plato pensaba - que fome que tendré que compartirlo con 4 personas más - tengo que confesar que con lo que respecta a la comida a veces soy egoísta… estaba en eso cuando veo que viene hacia mí, con un presentación increíble, la miro, tomo su olor y mis sentidos despiertan, el primer bocado fue el ir al cielo, suave pero firme, su sabor. Tome una de sus tenazas (eso fue muy salvaje pues debes romper la caparazón para comer) a mi gusto no existe mejor comida que la que se come con la mano y acompañado de alguna salsita en este caso mayonesa con merquen. de ahí en adelante el tiempo se me paso muy rápido y cuando me di cuenta que me chupaba mis dedos y no quedaba mas, fue increíble y quería másssssss, pero me quede tranquila ya que venia el cordero magallánico… pero eso es de otra historia .
En fin, pronto comenzara mi viaje al viejo continente donde espero descubrir platos originales y nuevos para mi…. Aunque mi viaje gastronómico comenzó hace mucho rato, que quede bien claro que para mi existe un antes y un después de la langosta.
Es cara ,es poca, pero vale la pena tienen que probarla, por qué siempre vale la pena .
Una sibarita forever
Osea me muero de ganas de pobrar la tan renomanbra LANGOSTA, aunque como tú dices a mi si me da un poco de susto.... solo pensar en como se cocinan...
ResponderEliminarEn fin me encanta la seafood so... ya llegara mi primera vez.....
Cata
Al leer tu historia, me doy cuenta que hay poca veces en la vida que uno tiene una primera vez. Por mi parte espero tener mi propia primera vez con la langosta que todavía no he tenido el ho nor de conocer.
ResponderEliminarbuena experiencia.
cata a todos nos llega la primera vez un consejo , si eres de las personas que se imprecionan con las historias de como se hacen ciertas comidas es mejor que te niegues a escuchar pues puede afectar tu experiencia gastronomica , aveces es mejor no saver
ResponderEliminarpor como lo explicas y lo describes por los ejemplos que lo comparas.. debe ser exquisito, sin duda despertaste toda mi curiosidad por probar algo que a todas luces debe ser muy rico e inolvidable....
ResponderEliminarMmMMMMMmMMmMmm Tienes razón aprobar se a dicho....
ResponderEliminarSabes que tengo un trauma con las langostas, cuando era chica, mi papá traía langostas a la casa, VIVAAAAS.... y yo sentía cómo movían sus tenazas y el olor... se me quedó pegado para siempre, nunca he podido comerlas, las he tenido al frente, pero ese recuerdo no se sale de mi mente... en todo caso con tu relato me dieron ganas de probarlas...
ResponderEliminarCariños,
Mona